29 enero 2026
6 minutos
Montevideo se disfruta con calma y con apetito: su escena gastronómica combina tradición rioplatense y creatividad contemporánea. Acompáñanos en este recorrido por restaurantes imperdibles y descubre dónde vivir la ciudad bocado a bocado con Accor.
29 enero 2026
6 minutos
En Buceo, El Tío Bistró es de esos lugares que uno recomienda bajito, como secreto bien guardado, aunque siempre está lleno de buenas razones para volver. Su propuesta bistronómica combina técnica francesa con productos uruguayos y el resultado se siente cercano, sabroso y sin pretensiones, perfecto para una noche tranquila o una celebración improvisada.
Pide algo de temporada y déjate guiar: aquí suelen brillar los platos que cambian según lo que llega fresco, desde pescados del día hasta cortes jugosos, con salsas que hacen la diferencia. Si vas temprano, el barrio se presta para un paseo por la rambla y una copa después, porque Buceo tiene ese ritmo amable que acompaña la cena sin apurarla.
En Ciudad Vieja, Primuseum es una cena con relato propio: entras por una casona con aire de otro tiempo y terminas viviendo una noche donde la cocina de autor se acompasa con el tango. La atmósfera es íntima, con luces cálidas y detalles que parecen escogidos a mano, ideal para cuando quieres que Montevideo se sienta especial desde el primer brindis.
El menú suele jugar con guiños rioplatenses en clave contemporánea, con técnicas finas y presentaciones cuidadas, así que vale la pena ir con ganas de dejarte sorprender. Consejo de local: reserva con antelación, llega unos minutos antes para recorrer el espacio con calma y guarda sitio para el postre, porque a menudo es el cierre que se queda en la memoria.
Tandory es un clásico montevideano para cuando el antojo pide viajar sin salir de la ciudad: una cocina fusión que mezcla especias, aromas y técnicas de distintos rincones del mundo con una mano muy segura. El ambiente es cálido y animado, de esos donde las mesas se llenan de conversación y los platos llegan con perfume antes que con nombre.
Aquí la gracia está en compartir y probar: curries bien equilibrados, opciones con toque asiático y guiños mediterráneos que cambian según la temporada, siempre con porciones generosas. Si quieres vivirlo como local, ve en plan de noche larga, pide varias cosas al centro y acompaña con una copa de tannat, porque con esos sabores intensos el maridaje se luce.
En Punta Carretas, Pellegrin es una tentación que funciona a cualquier hora: pastas frescas listas para llevar, rotisería fina para armar una mesa sin esfuerzo y una repostería que parece salida de una vitrina parisina. Es uno de esos sitios donde el barrio entra y sale con bolsas perfumadas a manteca, salsa recién hecha y pan que cruje.
El truco es ir con una idea, pero dejar espacio para el impulso: ravioles y sorrentinos que cambian según el día, lasañas generosas y dulces que se agotan rápido, así que conviene llegar temprano si quieres elegir con calma. Por esa mezcla de practicidad y sabor, muchos lo tienen en su lista de los 10 mejores restaurantes de Montevideo, aunque sea más que restaurante: es un aliado gourmet.
Para completar el plan en la misma zona, el Mercure Montevideo Punta Carretas queda muy cerca y encaja perfecto con este espíritu de buen comer. Con habitaciones cómodas, vistas que acompañan el ritmo costero y una ubicación ideal para moverte a pie por Punta Carretas y la rambla, es una base práctica y agradable para seguir descubriendo mesas memorables sin perder tiempo en traslados.
En Pocitos, Fellini es una postal que se come: clásicos italianos bien hechos y ese horizonte del Río de la Plata que vuelve cualquier almuerzo más largo, cualquier cena más luminosa. Es un restaurant en Montevideo al que muchos regresan por la mezcla de sabor confiable, servicio ágil y vista que invita a quedarse.
La carta se apoya en pastas, risottos y pizzas de masa lograda, con salsas que respetan lo simple cuando lo simple está bien hecho. Un dato de barrio: si vas al atardecer, pide mesa cerca del ventanal, porque el cielo suele pintar la rambla y el ambiente se vuelve casi cinematográfico.
Para vivirlo como local, llega con tiempo y termina la comida con un espresso o un limoncello, sin apuro. Después, el paseo está servido: unos pasos por la rambla de Pocitos ayudan a cerrar el plan con brisa fresca y la ciudad en modo tranquilo.
En Punta Carretas, La Pulpería es un refugio para quienes buscan esa parrilla en Montevideo con sabor a tradición y a sobremesa sin prisa. Entre aromas de leña y brasa, el salón se llena de conversaciones y del ritual que en Uruguay se toma en serio: elegir el corte, esperar el punto justo y brindar como corresponde.
Aquí lo ideal es ir por lo clásico y hacerlo bien: entraña, asado, vacío y achuras, con guarniciones sencillas que acompañan sin robar protagonismo. Consejo de local: pide una copa de tannat, guarda espacio para el postre y sal con tiempo para caminar por la rambla, porque después de una buena parrillada el barrio se disfruta aún más.
En Ciudad Vieja, Estrecho es pequeño en tamaño y enorme en personalidad: una barra protagonista, cocina a la vista y platos contemporáneos que se sienten precisos, sin perder calidez. Sentarse aquí es parte del plan, porque el ritmo del servicio, el humo suave de la plancha y el intercambio con el equipo vuelven la noche más viva.
La carta suele moverse con la temporada y con lo que llega fresco, así que conviene preguntar qué está especialmente bueno ese día y dejarse guiar. Consejo de local: ve en pareja o con un grupo pequeño, pide varias opciones para compartir y cierra con un cóctel, porque la Ciudad Vieja se enciende bonito cuando sales a caminar después de cenar.
Si quieres comer como se come en casa, pero con ese toque que hace sonreír, La Fonda es una apuesta segura en barrios tradicionales: platos de cuchara, guisos que reconfortan y recetas que respetan la memoria del paladar montevideano. Es el tipo de lugar donde el menú cambia con el día y con el mercado, así que siempre aparece una sorpresa, desde una milanesa bien dorada hasta una pasta que huele a domingo.
Para el lado más parrillero, Carbonada Restaurant suma brasa y carácter, con cortes en su punto y un ambiente sin pose, de esos que invitan a pedir otra copa y alargar la charla. Consejo de local: ve con hambre real, comparte entradas y deja un hueco para el postre, porque aquí la cocina casera se defiende hasta el final.
La cocina uruguaya se disfruta aún más cuando el sabor se combina con un entorno memorable y un servicio que cuida cada detalle. Sigue leyendo y descubre dos direcciones donde la experiencia comienza en la mesa y se siente como parte del viaje.
En Carrasco, Restaurant 1921 se vive como una noche elegante con acento montevideano: mantelería impecable, luz suave y esa sensación de estar dentro de una historia que todavía respira. Es el tipo de mesa que se elige para celebrar, pero también para darse un gusto sin excusas, con una propuesta que cuida tanto el sabor como el ritmo del servicio.
La cocina apuesta por ingredientes locales y por técnicas refinadas, con platos que suelen cambiar según la temporada y el producto disponible. Consejo de barrio: llega con tiempo para disfrutar el ambiente, pide que te sugieran un maridaje y guarda espacio para el cierre dulce, porque aquí el final importa tanto como el primer bocado.
Y si quieres convertir la cena en experiencia completa, el Sofitel Montevideo Casino Carrasco and Spa es la elección natural, ya que aquí mismo se encuentra Restaurant 1921. Entre la arquitectura imponente, el spa para bajar revoluciones y un nivel de atención que se nota en los detalles, el hotel funciona como una base perfecta para seguir explorando restaurantes en Montevideo con el estilo que Accor y ALL proponen para viajar mejor.
Cauce es una mesa con mirada actual, de esas que interpretan Montevideo con sutileza y buen pulso: producto protagonista, técnica precisa y presentaciones que invitan a comer con curiosidad. El ambiente se siente sereno y contemporáneo, ideal para una cena que quiere conversar con calma mientras la ciudad baja el ritmo.
Aquí vale la pena seguir la temporada, porque el menú suele moverse según lo mejor del mercado y del mar, con combinaciones que respetan el sabor original y lo elevan sin exceso. Consejo de local: pregunta por las sugerencias del día, acompaña con un vino uruguayo y deja que el servicio marque el compás, porque la experiencia se disfruta más cuando no se acelera.
Lo mejor es que aquí la logística se vuelve un lujo: Cauce está dentro del Hotel Costanero Montevideo - MGallery Collection, así que puedes pasar de una cena con vista al Río de la Plata a un descanso con aire contemporáneo en la bahía de Pocitos, sin cambiar de escenario. Y cuando el cuerpo pide pausa, el propio hotel suma un oasis de bienestar que acompaña el plan con la misma calma elegante que se siente en la mesa.
Después de recorrer mesas con identidad, brasas memorables y cocinas que sorprenden, queda claro que Montevideo también se conoce con el paladar. Para vivirlo con calma, los hoteles Accor en Montevideo son una gran base: te acercan a barrios icónicos, te ayudan a moverte con facilidad y te regalan ese descanso bien pensado que hace que cada salida a comer se disfrute el doble.
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