5 febrero 2026
11 minutos
En medio del ritmo acelerado de Ciudad de México, también existen refugios verdes que invitan a bajar la velocidad y a llenar los pulmones de calma sin alejarse del centro. Acompáñanos en este recorrido por santuarios naturales urbanos donde cada paseo se convierte en una pausa para reconectar con la ciudad desde otro aire.
5 febrero 2026
11 minutos
Entre avenidas emblemáticas y edificios con historia, estos parques ofrecen un respiro inmediato, como si la ciudad abriera una ventana de sombra y silencio. Sigue leyendo y descubre por qué algunos rincones verdes se sienten tan cercanos como imprescindibles, desde el corazón del Centro Histórico hasta otras áreas que merecen un espacio en tu ruta.
En el Centro Histórico y sus alrededores, la naturaleza no es un “extra”, es parte del paisaje cotidiano: aparece entre cúpulas, museos, cafés y plazas como un descanso elegante, listo para disfrutarse a paso lento.
Alameda Central: considerada el parque público más antiguo de México y de América, este clásico citadino lleva siglos acompañando la vida del centro. Sus senderos arbolados invitan a caminar sin prisa mientras, a pocos pasos, se despliegan joyas culturales como el Palacio de Bellas Artes, el Museo Franz Mayer, el Museo Memoria y Tolerancia y el Hemiciclo a Juárez. Es ideal para una pausa corta o para empezar una jornada de exploración con el ánimo en calma.
Bosque de Chapultepec: más que un parque, es una ciudad verde dentro de la ciudad. Amplitud, lagos, veredas y miradores se combinan con lugares imprescindibles como el Castillo de Chapultepec y museos de referencia, entre ellos el Museo Nacional de Antropología y el Museo de Arte Moderno. Aquí cada visita se adapta a tu ritmo: desde una caminata serena bajo los árboles hasta un día completo de cultura al aire libre.
Parque México y Parque España (Colonia Condesa): dos espacios con personalidad propia, marcados por detalles Art Déco, fuentes, esculturas y un aire creativo que se siente en cada banca ocupada y en cada terraza cercana. Son perfectos para pasear, observar el movimiento del barrio y dejar que el ambiente bohemio haga su trabajo: relajar.
Parque Hundido: un refugio silencioso para quienes buscan desconectar del ruido sin irse lejos. Su trazo amable y sus rincones verdes se vuelven aún más interesantes por la presencia de elementos arqueológicos que evocan capas antiguas de la historia de la ciudad. Un lugar para respirar hondo y volver a la rutina con otra energía.
Parque Lincoln (Polanco): con un carácter más contemporáneo y una vida social vibrante, es uno de esos espacios donde la ciudad se reúne sin apuro. Entre áreas para descansar, pasear o simplemente mirar el día pasar, conserva un valor comunitario que lo hace especial, como un punto de encuentro que siempre está “vivo”, incluso en las pausas.
Y si quieres que ese ritmo más ligero se extienda hasta el final del día, el Novotel Mexico City Centro Historico es una base perfecta: cómodo, bien ubicado y pensado para que el centro quede a la mano. Después de una caminata por la Alameda o de una tarde de museos, volver aquí se siente como cerrar el recorrido con la misma idea que inspira estos parques: descansar de verdad, sin salir del corazón de la ciudad.
Cuando el plan es respirar distinto y descubrir otra cara de Ciudad de México, vale la pena mirar más allá de los clásicos y dejarse sorprender por parques que los locales disfrutan con naturalidad, como parte de su día a día.
Alameda Oriente: un pulmón verde de estilo más contemporáneo en la zona oriente, pensado para vivirlo en familia y con calma. Sus espacios abiertos, áreas para caminar y ambiente relajado lo convierten en una opción ideal para una tarde sin prisa, de esas que se disfrutan con helado en mano y la mente en modo pausa.
Parque de los Venados: en la alcaldía Benito Juárez, este parque tiene ese encanto de lugar querido y frecuentado, donde la ciudad se vuelve barrio. Entre senderos arbolados, zonas para descansar y un movimiento constante pero amable, es perfecto para caminar, leer un rato o simplemente sentarse a ver cómo transcurre el día.
Jardín Botánico de la UNAM y Jardín Botánico del Instituto de Biología: un universo para quienes disfrutan de la flora en serio. Aquí, la experiencia cambia: más que “pasear por un parque”, se trata de recorrer colecciones vegetales, texturas y aromas que invitan a observar con atención. Es un paseo sereno, casi meditativo, ideal para reconectar con la naturaleza desde una mirada más curiosa.
Y si quieres que esa pausa también se refleje en tu presupuesto, el ibis Mexico Alameda es un acierto: ubicación práctica para moverte por la ciudad, ambiente cómodo y una relación costo beneficio excelente para descansar bien sin complicaciones. Después de un día entre jardines, senderos y sombra fresca, volver a un hotel que simplifica todo hace que el respiro dure un poco más.
En Ciudad de México, algunos jardines combinan arte, conocimiento y naturaleza de forma tan natural que el paseo se vuelve experiencia. Son lugares para caminar con curiosidad, escuchar el silencio y salir con la mirada renovada.
Jardín Botánico del Instituto de Biología, UNAM (Ciudad Universitaria): si le preguntas a alguien de la UNAM por un rincón para bajar el volumen del día, este suele aparecer en la conversación. Sus colecciones vivas reúnen más de 1,600 especies nativas de bosques, desiertos y selvas mexicanas, con espacios pensados para aprender, observar y también simplemente estar.
Invernadero Faustino Miranda, UNAM: dentro del mismo universo botánico, el invernadero es un cambio de clima inmediato, como entrar en una pequeña selva cuidadosamente cuidada. Es ideal si disfrutas los detalles, hojas enormes, humedad en el aire, aromas discretos y esa sensación de estar lejos de la ciudad aunque sigas en ella.
Espacio Escultórico, UNAM (Centro Cultural Universitario): aquí el arte no se mira desde afuera, se recorre. Es una obra monumental de land art que abraza un mar de lava petrificada del Xitle, con una estructura circular de gran escala que invita a contemplar, a girar la perspectiva y a dejar que el paisaje haga el resto.
Las Islas, Ciudad Universitaria: este gran jardín abierto junto a la Rectoría y la Biblioteca Central tiene un pulso propio: estudiantes leyendo en el pasto, conversaciones tranquilas, sombra generosa y una calma que se siente sorprendentemente cotidiana. Es uno de esos lugares donde el tiempo se estira, perfecto para un picnic sencillo o una pausa entre caminatas.
Casa del Lago UNAM (Bosque de Chapultepec): un recinto universitario con vocación cultural en un entorno que ya de por sí relaja, a la orilla del lago y con vistas hacia el Castillo de Chapultepec. Su historia se remonta a inicios del siglo XX y, desde que se volvió centro cultural, mezcla programación artística con el placer simple de caminar cerca del agua y quedarse un rato sin apuro.
Museo Anahuacalli (Coyoacán): este lugar se vive como un diálogo entre piedra volcánica, arte prehispánico y arquitectura pensada por Diego Rivera para resguardar su colección y compartirla con el público. La visita se disfruta con calma, observando texturas, sombras y el carácter casi ritual del entorno, como si el jardín y el edificio contaran la misma historia desde lenguajes distintos.
Jardín del Arte Sullivan (Colonia San Rafael): si te atrae la idea de un paseo verde con creatividad a la vista, este mercado de arte al aire libre ofrece una experiencia distinta. Los domingos se instala como una galería abierta donde se camina entre obras, conversaciones y técnicas variadas, con ese ambiente que solo tienen los lugares donde la ciudad se encuentra para crear.
Hay días en los que el mejor plan es sencillo: encontrar sombra, una banca cómoda y un poco de silencio para que la ciudad baje el volumen. Estos rincones, discretos y muy queridos por quienes los frecuentan, son perfectos para leer unas páginas, respirar con intención o extender una manta y quedarse un rato.
Jardín Ramón López Velarde (Roma Sur): pequeño, arbolado y con un aire casi secreto, es de esos lugares donde el tiempo se estira sin pedir permiso. Llega con un libro y déjate acompañar por el murmullo del agua y la vida del barrio a una distancia amable.
Parque Lira (Tacubaya): un respiro sorprendente entre avenidas intensas. Sus senderos sombreados y rincones tranquilos invitan a caminar despacio, encontrar un buen sitio para meditar y regresar a la ciudad como si hubieras cambiado de ritmo por dentro.
Jardín Santiago Xicoténcatl (San Ángel): elegante y sereno, con bancas que parecen colocadas para conversaciones bajas o lecturas largas. Si vas con café en mano, el paseo se siente íntimo, como una postal verde en medio de calles con historia.
Parque de la Bombilla (San Ángel): amplio, fresco y muy cómodo para un picnic sin complicaciones. Hay espacio para estirar las piernas, conversar sin prisa y dejar que la tarde se acomode sola bajo los árboles.
Viveros de Coyoacán (Coyoacán): un clásico para caminar, sí, pero también un lugar generoso para quienes buscan calma real. Entre veredas largas y sombra constante, es fácil encontrar un rincón para escribir, escuchar música suave o simplemente respirar hondo sin mirar el reloj.
Huerto Roma Verde (Roma Sur): un oasis urbano con espíritu comunitario, donde el verde se vive de cerca y con intención. Ideal si te gusta la idea de una pausa distinta: un paseo corto, un descanso entre plantas y esa sensación de estar en un refugio creativo, casi escondido a plena vista.
Parque Lineal Ferrocarril de Cuernavaca (Miguel Hidalgo): un corredor verde para caminar sin la prisa típica de la ciudad. Tiene tramos ideales para una pausa rápida, especialmente si buscas un lugar menos obvio para sentarte, observar y dejar que la mente se ordene.
Para convertir estas pausas en un viaje redondo, los hoteles de Accor en la ciudad son el cierre perfecto: descanso cómodo, ubicaciones prácticas y esa sensación de volver a un lugar que te recibe bien, listo para el próximo respiro.
Si lo que buscas es bajar el ritmo con un libro, una manta y un rato de silencio, estos espacios funcionan como pequeños acuerdos con la ciudad: aquí se habla más bajo, se camina más lento y se respira con intención.
Cuando la idea de “pausa” pide algo más profundo, casi primitivo, los bosques al sur de Ciudad de México cambian por completo el escenario. Aquí el aire se siente distinto, el silencio tiene más presencia y cada paso recuerda que, muy cerca de la gran metrópoli, todavía existe una naturaleza que manda.
En Ciudad de México, la naturaleza también se encuentra entre líneas, muros y luz cuidadosamente pensada. Algunas de las pausas más memorables nacen justo ahí, en lugares donde la arquitectura enmarca el verde y la cultura se vive con el mismo ritmo sereno de un jardín.
Casa Jardín Ortega (universo Barragán): hay espacios que parecen diseñados para que el tiempo se mueva más lento, y esta casa con jardín lo demuestra con discreción. La experiencia es íntima: proporciones precisas, silencio bien cuidado y un patio verde que no intenta impresionar, solo invitar a respirar. Si disfrutas la arquitectura como un lenguaje emocional, aquí la calma se siente en los detalles: en cómo entra la luz, en las sombras que cambian con la tarde, en el diálogo entre muros y plantas. Es una joya poco conocida, perfecta para quienes prefieren descubrir la ciudad sin ruido.
Biblioteca Vasconcelos y su Jardín Botánico: entrar a la Vasconcelos es como entrar a una idea futurista de la lectura: estanterías suspendidas, pasillos que se cruzan, perspectiva infinita. Y cuando crees que todo será concreto y diseño, aparece el jardín como un contrapunto suave, con vegetación que acompaña y un ambiente ideal para bajar el ritmo. Es un plan redondo para un día de pausa: leer un capítulo con luz natural, caminar unos minutos entre plantas y salir con la sensación de haber encontrado un refugio contemporáneo en plena ciudad.
Una pausa bien planeada se disfruta el doble: eliges la hora correcta, llevas lo justo y llegas sin contratiempos. Estos consejos prácticos te ayudarán a moverte por Ciudad de México como lo haría alguien que conoce el ritmo de la ciudad.
Elige la mañana para el aire más limpio: si quieres “respirar” de verdad, apuesta por las primeras horas del día. Entre semana, antes de que el tráfico alcance su punto alto, los parques se sienten más tranquilos, con luz suave y menos ruido alrededor.
Domingos con calles más amables: el domingo suele ser un buen aliado para caminar, especialmente en zonas céntricas. Muchas familias salen temprano y el ambiente es más relajado, aunque algunos lugares populares pueden llenarse a media mañana.
Temporada de lluvias, sin drama: entre mayo y octubre es común que llueva por la tarde. No suele arruinar el plan, solo cambia la estrategia: visita jardines y parques temprano, lleva impermeable ligero y deja un café cercano como plan B si el cielo se pone intenso.
Capas, siempre: Ciudad de México tiene microclimas: al sol se siente cálido, a la sombra baja la temperatura y, en zonas como el Ajusco, el frío puede sorprender. Una chamarra ligera o un suéter compacto suele resolverlo todo.
Altitud y ritmo: la altura se nota, sobre todo si vienes de ciudades al nivel del mar. Camina más despacio los primeros días, hidrátate y escucha tu cuerpo. Una pausa bien hecha también se trata de respetar el propio ritmo.
Metro para avanzar, caminata para descubrir: el metro es eficaz para recortar distancias, y desde ahí la ciudad se disfruta mejor a pie. En el Centro Histórico, por ejemplo, lo ideal es combinar estaciones cercanas con caminatas cortas para ir encontrando plazas, sombras y rincones inesperados.
Metrobús y ECOBICI en zonas verdes: para moverte entre barrios como Condesa, Roma, Polanco y Chapultepec, el Metrobús es muy práctico. ECOBICI funciona bien en esas áreas si te apetece un plan más ligero, con trayectos cortos y paradas espontáneas.
Aplicaciones, pero con criterio: los servicios de transporte por app ayudan mucho, especialmente de noche o para llegar a lugares más retirados como Xochimilco o el Ajusco. Solo considera los tiempos: a ciertas horas, el tráfico cambia cualquier cálculo en minutos.
Lo que un local siempre lleva: agua, bloqueador, algo pequeño para picar y una bolsa para guardar residuos si haces picnic. En bosques y parques ecológicos, este detalle marca la diferencia y mantiene el entorno tan agradable como lo encontraste.
Horarios tranquilos para meditar: si tu plan incluye silencio, apunta a días laborales y evita el mediodía. En jardines universitarios y bibliotecas, la primera parte de la mañana suele ser el momento más sereno, con menos flujo y mejor ambiente para concentrarte.
Empieza temprano en el Bosque de Chapultepec con una caminata larga y sin prisa, luego entra al Museo Nacional de Antropología para cambiar el verde por salas que cuentan la historia de México con una fuerza impresionante. Cuando vuelvas a necesitar aire, remata con un café junto al lago en Casa del Lago, un cierre tranquilo para seguir leyendo la ciudad con otra calma.
Para un plan más de barrio, camina entre Parque México y sus calles arboladas, cruza a la Roma y date una vuelta por el Museo del Objeto, donde cada pieza cotidiana se vuelve una historia inesperada. Después, vuelve hacia Condesa y siéntate en Qūentin, una cafetería de especialidad perfecta para extender la pausa sin que se note que el día avanza.
Después de recorrer jardines, bosques y parques que hacen respirar distinto, la ciudad se siente más amable, como si hubiera encontrado su propio ritmo entre sombra, agua y silencio. Para vivir esas pausas con comodidad y sin complicaciones, los hoteles Accor en Ciudad de México son una base ideal: ubicaciones prácticas para moverte entre rutas verdes y espacios culturales, descanso de verdad al final del día y esa sensación de volver a un lugar que te recibe bien.
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