5 febrero 2026
5 minutos
Los mercados alternativos de América Latina son el mejor atajo para entender una ciudad desde el sabor: puestos pequeños, recetas heredadas y productos que cuentan historias con acento local. Acompáñanos a recorrerlos y descubre dónde probar la cocina auténtica, conversar con quienes la preparan y volver a casa con ganas de seguir viajando.
5 febrero 2026
5 minutos
Los mercados alternativos son espacios donde la comida se mezcla con cultura y comunidad: no siempre son los más famosos, pero suelen ser los más vivos. Entre puestos pequeños, cocinas abiertas y productores que llegan directo del campo o del mar, se encuentran sabores que no pasan por filtro, además de precios honestos, recetas de familia y productos que cambian con la temporada.
Atraen a viajeros porque aquí se aprende sin guía y sin prisa: se prueba una salsa recién molida, se descubre una fruta que no aparece en los supermercados y se escucha el “cómo se come” de cada barrio. Y hay un detalle que los locales conocen bien: si quieres ver el mercado en su mejor versión, ve temprano, cuando todo está fresco, las conversaciones fluyen y la ciudad todavía huele a pan caliente.
En las grandes capitales latinoamericanas, los mercados alternativos son esa puerta lateral que abre directo a la vida local: en Ciudad de México, el Mercado de San Juan seduce con su perfil gourmet y sus degustaciones espontáneas, mientras el Mercado Medellín late con ingredientes y antojos de toda la región de Medellín, impulsado por una comunidad migrante que lo volvió un pequeño mapa de América Latina.
Bogotá suma un plan con sabor a tradición en la Plaza de Mercado La Perseverancia, donde el barrio se cuenta en platos, y Buenos Aires ofrece su versión urbana en Mercat Villa Crespo, un espacio que mezcla gastronomía, productos naturales y movida cultural con enfoque en productores y comercio justo. Ve con tiempo, pregunta qué está mejor ese día y deja que tu curiosidad marque el recorrido.
Los mercados gastronómicos emergentes son la versión más actual del “vamos a picar algo” pero con diseño, buena música y puestos que cambian como cambia el pulso de la ciudad. Suelen nacer en galpones reciclados o en proyectos urbanos nuevos, reúnen cocinas de distintos estilos bajo un mismo techo y te dejan probar mucho en poco tiempo, siempre con ese encanto de descubrir lo que todavía no está en todas las guías.
Si quieres sumarlos a tu ruta, anota tres paradas que hoy están dando que hablar: Mercado Ferrando en Montevideo, instalado en una antigua fábrica reconvertida en punto de encuentro gastronómico, con un espíritu muy de barrio Cordón. En Santiago, el MUT, Mercado Urbano Tobalaba se presenta como el primer mercado urbano de Chile y mezcla comida, tiendas y vida cultural con una mirada consciente del entorno. Y en Medellín, el Mercado del Río suma ambiente de plan nocturno, con miles de metros para recorrer, más de 35 propuestas y eventos que lo vuelven ideal para ir en grupo y dejarse llevar.
En este tipo de mercados, la sostenibilidad no es un discurso, es la forma de comprar: productores cerca, cadenas más cortas y hábitos simples como llevar tu bolsa reutilizable y llegar temprano para ver lo mejor del día. En Ciudad de México, Mercado El 100 reúne agricultores y artesanos ecológicos con una lógica de cercanía que explica hasta su nombre, y en Buenos Aires, Sabe la Tierra funciona como punto de encuentro entre productores y consumidores conscientes, con una curaduría que prioriza lo orgánico y lo natural.
Para sumar un gesto más circular al viaje, en Lima la Bioferia de Miraflores conecta directamente a quienes producen con quienes comen, promueve precios justos y hasta propone talleres de compostaje, perfectos para llevarte ideas que duran más que el fin de semana.
Y si quieres que tu escapada respire ese mismo enfoque, Novotel lo acompaña desde el alojamiento con su alianza con WWF para proteger el océano y con un plan de impacto positivo que incluye reducir la huella de plástico, agua y carbono, además de impulsar elecciones alimentarias más sostenibles.
En Roma Norte, Ciudad de México, la energía creativa se siente en cada esquina: cafeterías de autor, diseño local y un ir y venir de vecinos que se vuelven tus mejores guías sin proponérselo. Para comer en modo exploración, Mercado Roma encaja perfecto, reúne producto, arquitectura y convivencia alrededor de mesas compartidas, ideal para probar varias cosas en una sola vuelta y escuchar acentos distintos en la misma conversación.
En San Telmo, Buenos Aires, el plan se arma caminando despacio entre casonas antiguas, locales de antigüedades y artistas callejeros alrededor de Plaza Dorrego, con la calle Defensa como imán para curiosear. Y en Santiago, Barrio Franklin se transforma cada fin de semana con el Persa Bio Bío, una tradición que nació en los años 40 y hoy convoca a miles de personas entre galpones, tesoros vintage y picadas que huelen a almuerzo casero.
Nada como recorrer un mercado alternativo con curiosidad, pero también con calma: cuando sabes cómo moverte, todo se disfruta más, desde el primer café hasta la última compra para llevar.
Horarios inteligentes: ve por la mañana o a primera hora de la tarde, cuando hay menos aglomeración y los productos están más frescos.
Esenciales a mano: lleva solo lo necesario y usa bolsa cruzada o mochila al frente, con el celular guardado cuando no lo estés usando.
Pagos prácticos: elige pago sin contacto o billetera digital, además de efectivo suelto para compras pequeñas.
Lectura del entorno: antes de entrar, identifica accesos, salidas y calles transitadas para moverte con más seguridad.
Plan en grupo: acuerden un punto de encuentro, porque en mercados grandes el ruido y la señal pueden fallar.
Comida con criterio: come donde haya rotación y cuidado, con preparación al momento, alimentos protegidos y agua embotellada cerrada.
Preguntas de local: consulta qué está mejor ese día y cómo se come, ya que las mejores pistas vienen de quienes trabajan allí.
Recuerdos comestibles: apuesta por especias, dulces empaquetados o conservas, y revisa reglas de ingreso si viajas en avión.
Para que la experiencia sea redonda, los hoteles Accor te ayudan a moverte con tranquilidad: buena ubicación, descanso bien pensado y la comodidad de salir temprano al mercado y volver sin complicaciones.
Además de comer bien, un mercado alternativo es un pequeño universo para mirar de cerca: talleres de pan y fermentos, puestos de cerámica, textiles teñidos a mano y productores que te explican por qué su miel cambia según la floración. Fíjate en las pizarras del día, porque ahí aparecen menús cortos, colaboraciones entre cocineros y eventos que convierten una compra rápida en un plan completo.
También vale la pena recorrer con el oído atento: música en vivo, radio local, conversaciones que cuentan historias del barrio y recomendaciones que no están en internet. Y si quieres llevarte la esencia del lugar, busca ingredientes con identidad como ajíes, cacao, café de origen, quesos artesanales o conservas, además de probarlos en el momento, porque así el recuerdo se queda con sabor y con contexto.
Apoyar a emprendedores locales es más fácil de lo que parece cuando viajas con los ojos abiertos: compra directo al productor, pregunta por el origen de lo que estás probando y elige piezas con historia, aunque sean pequeñas. También suma muchísimo recomendar con intención, dejar una reseña honesta, volver por el mismo puesto al día siguiente y pagar un precio justo, porque en un mercado alternativo la diferencia se nota en cada venta y en cada conversación.
Y para que ese apoyo sea parte del viaje, Mercure es un gran aliado, ya que sus hoteles suelen conectarte con el pulso real de la ciudad, en ubicaciones estratégicas y con un espíritu que valora lo local. Desde ahí, es más fácil armar rutas de mercados, ferias y cafeterías de barrio, además de descubrir proyectos independientes con recomendaciones que nacen de la propia experiencia de hospedarte y vivir el destino como un residente por unos días.
Después de este recorrido por mercados alternativos, queda una certeza deliciosa: en América Latina, la autenticidad se encuentra entre puestos pequeños, recetas que pasan de mano en mano y sabores que cambian con el barrio y la temporada. Para vivir esa experiencia con calma, los hoteles Accor en la región son el mejor punto de partida y de regreso, con el descanso que necesitas, ubicaciones que te acercan a la vida local y la comodidad de planear cada salida con la ciudad a tu favor.
Y si quieres que cada viaje te devuelva algo más, inscríbete gratis en ALL, el programa de fidelidad de Accor. Como miembro, accedes a tarifas exclusivas, acumulas puntos en tus estancias y experiencias, además de desbloquear beneficios que hacen la diferencia, desde recompensas para tu próxima escapada hasta ventajas pensadas para que disfrutes más, desde el primer check-in hasta el último momento.
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