16 junio 2026
5 minutos
Ninguna visita a París está completa sin probar sus fabulosas delicias culinarias.
16 junio 2026
5 minutos
Moja un croissant crujiente en el café recordando las vistas vertiginosas desde la Torre Eiffel. Prueba foie gras o caracoles mientras rememoras tus obras de arte favoritas del Louvre. Déjate seducir por el ambiente de Montmartre frente a un suculento confit de pato o adéntrate en el animado Barrio Latino reponiendo fuerzas con un croque monsieur. Echa un vistazo a esta lista de diez comidas típicas de París que debes probar durante tu estancia para disfrutar plenamente de la Ciudad de la Luz.
Cualquier persona que visite París debería probar estos diez platos legendarios al menos una vez para experimentar la ciudad con los cinco sentidos.
Este producto de lujo es sinónimo en Francia de banquetes de Navidad y Nochevieja. La región de Aquitania es la principal productora nacional de foie gras y en ninguna mesa navideña que se precie debería faltar esta delicia tan sabrosa acompañada de pan tostado, brioche o pan de jengibre, además de una cucharada de mermelada de higo. Los artesanos especializados lo preparan con hígado de pato cruzado y pato de Berbería o de ganso gris de Las Landas, cebados cuidadosamente empleando técnicas centenarias transmitidas de generación en generación. A continuación, los hígados ya preparados se remojan en armañac, coñac o pineau antes de convertirlos en una terrina suave y cremosa.
¿Qué se debe comer en París sin excepción? Junto con las ancas de rana, los caracoles deben ser uno de los platos típicos de París y Francia, en general, más emblemáticos. ¿Quién sino los franceses podrían convertir este humilde gasterópodo en uno de sus iconos gastronómicos? El rey de los escargots comestibles es el de Borgoña, que mide unos cuatro centímetros. Estas criaturas tan codiciadas pueden prepararse de varias maneras, aunque la opinión general es que como mejor se cocinan es en su concha y con dosis generosas de mantequilla, ajo y perejil. Se sirven también con la concha y, para comértelos, utiliza una pinza especial y un tenedor pequeño de dos púas. Pruébalos en el clásico Escargot Montorgueil.
Una tradición del suroeste de Francia, el confit de canard es un método para preservar el pato. La carne se cocina a fuego lento en su propia grasa antes de colocarla en botes cerrados herméticamente con una capa protectora de grasa de pato. La receta ancestral de confit de pato sugiere freír o asar la carne con un poco de grasa hasta que la piel esté dorada y crujiente y, después, asar patatas sazonadas en ajo en la grasa que queda como guarnición. D’Chez Eux es famoso por servir uno de los mejores confit de pato, además de otras comidas típicas francesas en París.
Pregunta a cualquier turista francés qué es lo que más echa de menos de su país cuando viaja y la respuesta será, inevitablemente, le fromage. Aprovecha al máximo tu visita a París y prueba todas las variedades que puedas, ¡hay más de mil! Desde quesos untables como el boursin; blandos con la corteza enmohecida como el camembert o el brie; blandos con la corteza lavada, incluido el maroilles (protagonista de Bienvenidos al Norte); hasta quesos prensados crudos como el cantal y quesos prensados cocinados como el comté afrutado. Existen además quesos de pasta azul como el roquefort y el bleu d'Auvergne, o de cabra como el rocamadour o el crottin de Chavignol. Pide una tabla de quesos como postre en cualquier restaurante parisino, disfruta de un pícnic a la francesa en alguno de los maravillosos parques de París o visita Paroles de Fromagers, una tienda con catas de queso y talleres.
Cuenta la leyenda que esta tarta de hojaldre tan etérea recibió su nombre en honor al santo patrón de los reposteros aunque, en realidad, Saint Honoré es el patrón de los pasteleros. Sin embargo, parece que este postre francés clásico lleva, para ser exactos, el nombre de la calle donde vivió su creador, Auguste Chiboust. Se trata de un disco de hojaldre ligero como el aire rematado por un anillo de pasta choux rellena de nata rociada de caramelo. El centro está relleno de más crema Chiboust y coronado de nata montada usando una boquilla especial Saint Honoré.
No es necesario visitar restaurantes de alta cocina en París para vivir una experiencia memorable en torno a la gastronomía típica de París. ¿Qué te parecen estos bocados?
El tentempié ideal para hacer una parada y reponer fuerzas después de subir todos esos escalones en Montmartre, el croque monsieur es el sándwich de queso a la plancha francés por excelencia. Se prepara con una loncha de jamón cocido y queso emmental o comté rallado mezclado con nata y mostaza, y se recubre también de esta sabrosa mezcla. En Fric-Frac, encontrarás muchas variantes muy ricas, para comer allí, para llevar y hasta para pedir en línea.
Los franceses saben bien cómo preparar los clásicos favoritos, así que esta comida típica de París no es una excepción. Tu bistec se cocinará como más te guste, ya sea poco o bien hecho (aunque puede que el chef opine que es una pena que lo pidas bien hecho), y las patatas fritas estarán crujientes por fuera y blandas por dentro. El entrecot se considera el mejor corte. Date un capricho después de una tarde recorriendo los museos de París en el Bistrot Victoires, uno de los bistrós parisinos con platos imprescindibles que no debes perderte.
La quiche Lorraine, originaria del este de Francia, con su relleno cremoso de huevo y beicon ahumado, es la variedad de quiche más conocida y una de las comidas típicas de París que no debes dejar de probar. Al parecer, las primeras tartas de huevo no se elaboraban con hojaldre sino con masa de pan. Fue la guerra franco-prusiana lo que hizo que este plato se expandiera por la nación, cuando la población local tuvo que huir de la región de Lorraine, trayendo consigo esta deliciosa receta. Hoy en día las combinaciones de relleno son innumerables; pide el suculento quiche de salmón y espinacas en Le Petit Baigneur.
Procedente de Bretaña, el crêpe debe estar sin duda entre las delicias más sofisticadas y reconfortantes. Es la guinda perfecta para cualquier comida, empapado en salsa de caramelo y naranja y flambeado con Grand Marnier (crepe Suzette), y funciona perfectamente como merienda para llevar con un sencillo espolvoreado de azúcar o un poco de mermelada. Entre estos dos extremos, los aderezos son ilimitados: caramelo salado, con o sin manzana, para los paladares golosos; como una galette de sarraceno rellena de jamón cocido, queso y huevo; o con combinaciones más refinadas como queso de cabra, miel y nueces, o incluso vieiras y puerros. En París abundan las creperías, entre ellas:
¿Qué puede ser más francés que un cruasán y qué mejor lugar que París para comértelo? Esta medialuna untuosa y deliciosamente crujiente puede tomarse perfectamente sola, pero a los más sibaritas se les permite una cucharadita de mermelada. La lista de viennoiseries (bollitos de hojaldre) es prácticamente interminable: pain au chocolat, pains aux raisins (espirales rellenas de crema pastelera y pasas), hojaldres de manzana, brioches o chouquettes (pastelillos cubiertos de azúcar). Quizá lo mejor sea pedir una cesta de minihojaldres y probar uno de cada…
El art de vivre francés abarca el saber comer bien; no se trata únicamente de qué comes, sino de cuándo, dónde y cómo. La comida ha de disfrutarse conscientemente; es preferible quedarse con hambre que comer algo de calidad inferior. Es mejor esperar hasta que puedas concentrarte en consistencias, colores y sabores en tu plato que engullir sobre la marcha. Tómate tu tiempo para vivir toda una aventura culinaria en París.
Es habitual acompañar las comidas con vinos franceses según el plato: tintos de Burdeos o Borgoña para carnes, y blancos de Loira o Alsacia para pescados y mariscos.
La comida típica de París para desayunar es sencilla: un croissant o baguette con mantequilla y mermelada, acompañado de café o café au lait (con leche).
En París destacan dulces como los macarons, éclairs rellenos de crema y la crème brûlée con su capa crujiente. También son típicos la tarta tatín, el milhojas y el Paris-Brest.
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