25 febrero 2026
5 minutos
Adéntrate en este crisol de culturas donde la arquitectura islámica y cristiana se fusionan. Descubre sus patios mudéjares, jardines de ensueño y los secretos de la realeza.
25 febrero 2026
5 minutos
Sevilla no se visita, se siente. Y en ningún lugar este sentimiento es más profundo que tras las murallas del Real Alcázar de Sevilla. Más que un simple monumento, es un palacio vivo, el más antiguo de Europa todavía en uso por la realeza, y un testigo silencioso de milenios de historia, amor, intrigas, arte y tradición. Es un tesoro de piedra. Su arquitectura no es estática; es una conversación fluida entre siglos, creando un patrimonio inigualable. Esta guía está diseñada para llevarte de la mano a través de una experiencia sensorial única, descubriendo no solo la arquitectura monumental, sino el alma de un lugar donde convivieron Oriente y Occidente.
El Real Alcázar de Sevilla es un palimpsesto de piedra que narra más de diez siglos de historia. Fue en el siglo X cuando se edificó el complejo original como palacio del gobernador musulmán y, en la actualidad, se sigue utilizando como residencia de la familia real española, conservando así la misma función para la que fue concebido originalmente: residencia de monarcas y jefes de Estado. El espacio, reconstruido desde la Alta Edad Media hasta nuestros días, consta de un conjunto de edificios palaciegos y amplios jardines. Crisol de culturas, en él conviven zonas del palacio almohade original, entre ellas, los Jardines del Crucero o el Patio del Yeso, con el Palacio de Pedro I, representante del arte mudéjar español, y otras construcciones que muestran todos los estilos culturales desde el Renacimiento hasta el Neoclasicismo.
Dato curioso: el Real Alcázar es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1987, junto con la catedral y el Archivo General de Indias, formando un trío inigualable.
Adéntrate en el Real Alcázar de Sevilla y déjate sorprender por la complejidad técnica y la delicadeza artística de yeserías, azulejos, artesonados y patios. Entre todos ellos, destacan el Patio de las Doncellas, el Salón de Embajadores y el Patio de las Muñecas, tres rincones de una belleza majestuosa con una función política, ceremonial y privada.
El Patio de las Doncellas es la imagen icónica del alcázar, un patio rectangular con una alberca central que refleja los arcos como un espejo líquido. Fíjate en los mosaicos y alicatados de la base (zócalos). Los patrones geométricos no son solo decoración; representan la infinitud divina a través de las matemáticas.
La foto perfecta: sitúate en uno de los extremos, agáchate ligeramente y captura la simetría de los arcos reflejados en el agua. La luz de la tarde tiñe la piedra de dorado y crea una atmósfera mágica.
El Salón de Embajadores era el centro de poder. Levanta la vista y observa la cúpula de media naranja, dorada y de madera entrelazada, que representa el universo. Este salón cuadrado es una obra maestra de la carpintería que te dejará sin aliento.
Más íntimo y privado, estaba destinado a la vida doméstica del palacio. Su nombre encierra un secreto: cuenta la leyenda que hay pequeñas caras de muñecas talladas en la base de uno de los arcos. Encontrar una trae buena suerte.
Consejo: la mayoría de los turistas corre hacia el Patio de las Doncellas nada más entrar. Si llegas a primera hora, dirígete directamente al Cuarto Real Alto (si has comprado esa entrada extra) o a los Baños de Doña María de Padilla antes de que se llenen. La acústica y la soledad allí son místicas.
Si el palacio es el cuerpo, los jardines del Real Alcázar de Sevilla son el pulmón. Ocupan más del 75 % del recinto y son una evolución de estilos árabe, renacentista y romántico, lugar de inspiración para artistas y poetas con rincones mágicos como la Galería del Grutesco, una antigua muralla almohade. Desde aquí tienes la mejor vista elevada de los laberintos de setos.
El Jardín de la Danza se llama así debido a las dos esculturas que, desde el siglo XVI en que se remodeló totalmente este espacio, se enclavaban, danzando, sobre las dos columnas que presiden la entrada. Es el punto de conexión entre el palacio y el vergel. Por su parte, el Estanque de Mercurio, presidido por la figura del dios mensajero, es un espacio fotogénico y sensorial, uno de los emblemas del alcázar.
Encontrarás pavos reales paseando con total libertad, dueños y señores del recinto. Son descendientes de aves que llevan siglos habitando este suelo real.
Experiencia sensorial: busca la Fuente del Órgano en el Jardín de las Damas, uno de los pocos órganos hidráulicos en el mundo que aún funciona. El agua, al caer, empuja el aire que hace sonar un mecanismo musical. Suena a ciertas horas en punto; pregunta al personal al entrar para no perdértelo.
El Real Alcázar de Sevilla ha servido de escenario para innumerables producciones, consolidando su estatus monumental en la historia del cine. Este palacio vivo sirvió como telón de fondo para el rodaje del clásico de 1962, Lawrence de Arabia, donde también aparecieron la plaza de España y la Casa de Pilatos. Décadas después, Ridley Scott eligió el Palacio del Rey Don Pedro para ambientar la residencia de la reina Isabel de Castilla en su película 1492: la conquista del paraíso. Más recientemente, la serie Juego de Tronos inmortalizó el Alcázar de Sevilla ante el público global, utilizando sus jardines y salones sin apenas modificaciones para representar los Jardines del Agua de Dorne, el hogar de la Casa Martell, en el exótico Reino de Dorne. Además, el Real Alcázar de Sevilla vuelve a brillar en la gran pantalla como una de las localizaciones de El Cautivo, la nueva película de Alejandro Amenábar.
Curiosidad: durante el rodaje de Juego de Tronos, el equipo de producción quedó tan maravillado que apenas tuvieron que usar efectos digitales para los exteriores. Lo que ves en la pantalla es la belleza real del palacio. Al pasear por la Galería del Grutesco sentirás que puedes cruzarte con el príncipe Doran en cualquier momento.
Bajando unas escaleras cerca de la Fuente de Mercurio, se encuentran los Baños de Doña María de Padilla, una enigmática cripta abovedada situada debajo del Patio del Crucero. Cuenta la leyenda que María de Padilla, la amante de Pedro I, se bañaba aquí. Los cortesanos, para ganar el favor del rey, bebían del agua donde ella se había bañado. Hoy, el reflejo perfecto de las bóvedas en el agua crea una ilusión óptica infinita, ideal para fotografías de larga exposición.
Con la llegada del verano, se celebra uno de los eventos más queridos por los sevillanos, las Noches en los Jardines del Real Alcázar de Sevilla, ciclos de conciertos al aire libre de música clásica, flamenco y músicas del mundo. Escuchar una guitarra española mientras las melodías se funden con el murmullo del agua, la brisa mueve las palmeras y el olor a dama de noche inunda el aire es una experiencia mágica que no te puedes perder en Sevilla.
El Real Alcázar de Sevilla está situado en el corazón monumental de la ciudad, concretamente en la plaza del Triunfo, cerca de la catedral. Si ya te encuentras en el centro, la mejor opción es ir a pie, ya que Sevilla es una ciudad plana y muy cómoda para pasear. En cuanto al transporte público, el tranvía (Metrocentro) es la forma más directa: la parada Archivo de Indias de la línea T1 te deja prácticamente en la puerta del recinto. Si optas por el metro, la parada más cercana es Puerta de Jerez (línea 1), desde donde tardarás solo cinco minutos caminando por la avenida de la Constitución. Por último, debes saber que no se recomienda llegar en coche, ya que el centro es peatonal o de acceso restringido; si es imprescindible, lo mejor es dejar el coche en aparcamientos cercanos como el del paseo de Colón o la avenida de Roma y continuar la ruta caminando. Para quienes llegan o salen en tren, hoteles como el ibis Styles Sevilla City Santa Justa, ubicado en el límite entre el centro y el barrio de Nervión y muy cerca de la estación de tren Sevilla Santa Justa (AVE), ofrecen una excelente base. Este hotel, con un diseño moderno y piscina en la azotea, está aproximadamente a 15-20 minutos a pie hasta la Puerta de la Carne/barrio de Santa Cruz y el alcázar, y su cercanía a la estación de metro Nervión facilita aún más la conexión con el centro.
En términos de accesibilidad, la planta baja y los jardines del Real Alcázar de Sevilla son mayoritariamente accesibles para sillas de ruedas (aunque algunos caminos de jardín pueden resultar incómodos). El Cuarto Real Alto tiene acceso limitado por escaleras y hay baños adaptados.
Conviene saber: el Real Alcázar de Sevilla es una atracción muy concurrida. Se recomienda visitarlo a primera hora de la mañana o a última de la tarde, ya que suele haber menos gente y las temperaturas son más frescas.
Las colas pueden ser largas y parecerlo todavía más si tienes que esperar bajo el sol. Por eso, lo mejor es comprar la entrada en la web oficial con antelación. También puedes comprarlas en la taquilla situada en el Patio de Banderas, a partir de las 9:00, pero solo se aceptan pagos con tarjeta. Los lunes, durante la última hora de apertura, la entrada es gratuita, pero requiere reserva previa online por un coste de gestión mínimo (1 €); se agotan muy rápido.
Información práctica:
Para culminar tu inmersión histórica, no te vayas sin visitar a los vecinos inmediatos del alcázar. La majestuosa Catedral de Sevilla, con la Giralda como centinela, y el impresionante Archivo General de Indias completan la tríada. Visitar estos tres monumentos en conjunto es un paso imprescindible para comprender la época dorada y la grandeza monumental de la ciudad.
Consejo de alojamiento: situado en la zona de Nervión, el Novotel Sevilla con piscina en la azotea es ideal para viajeros que buscan una zona moderna con servicios y fácil aparcamiento, sobre todo si son aficionados al fútbol, ya que está junto al estadio Ramón Sánchez Pizjuán. Se encuentra aproximadamente a 15-20 minutos a pie del centro (barrio de Santa Cruz) y el tranvía T1 (parada Eduardo Dato) te lleva directamente a la parada Prado de San Sebastián, muy cerca del alcázar.
Al salir por el Patio de Banderas, con el aroma de los naranjos aún en la memoria y la visión de los arcos mudéjares grabada en la retina, no solo habrás visitado un monumento. Habrás caminado por la historia de España, habrás sentido la frescura de un oasis en medio de la ciudad y habrás descubierto por qué este lugar sigue siendo, después de mil años, un hogar para la realeza y un refugio de ensueño para quienes lo visitan.
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